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Enero 19. Produce fruto.

Lucas 3:8, Haced, pues, frutos (acción urgente para comenzar o una decisión de hacer algo ya! imperativo aoristo) dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: ‘Tenemos a Abraham por padre’; porque os digo que ¡Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras!”

     Un Cristiano perseguido en China una vez me dijo que él nunca quiso que la persecución cese, ya que era la única forma de determinar quiénes eran los Cristianos genuinos. Los verdaderos cristianos siempre cambian de adentro hacia afuera revelando su identidad verdadera.
     Juan el Bautista insistió que aquellos que habían “cambiado su mente” en cuanto a su propia pecaminosidad y querían el perdón de Dios deberían asegurarse de entender que un cambio interno siempre da como resultado un cambio externo.
     Una de las formas principales de “probar tu arrepentimiento” es demostrar que Dios vive dentro de ti evidenciando el “fruto del Espíritu”, que es “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” que se evidenciará en toda relación (Gál. 5:22-23).
     Pablo, en Gálatas, sigue describiendo la forma de hacerlo práctico. Si “somos de Cristo”, entonces “hemos crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (5:24), por lo tanto, él nos dice que “no nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros” (5:25). No competimos unos con otros para ver quién es más espiritual o más calificado, sino que deberíamos siempre demostrar Su amor por la forma como cuidamos de los demás, tal como Él lo hace.
     Santiago escribió que la fe sin obras es muerta o vacía (Sant. 2:14-26), en donde el arrepentimiento genuino y la fe siempre producen un cambio progresivo que se hace crecientemente evidente. A medida que crecemos en nuestro entendimiento de la acción y actitudes de Dios, queremos ser como Él. Lo que antes parecía bueno o divertido, ahora a menudo se ve como una conducta pecaminosa. La conciencia de que Cristo tuvo que derramar Su sangre para perdonar nuestros pecados ahora nos quita la emoción por las prácticas pecaminosas. El creyente no tiene que tratar de cambiar, solamente sucede porque nuestra naturaleza interior ha cambiado.
     Los Judíos presumían equivocadamente de tener las bendiciones de Dios de forma automática porque eran descendientes de Abraham, sin importar la forma como se comportaban. Nosotros los creyentes Gentiles podríamos también presumir que Dios nos ha perdonado porque fuimos bautizados, vamos a la iglesia, o tenemos padres Cristianos, y así continuamos viviendo la vida con un estilo carnal, egoísta, egocéntrico. Debemos cuidarnos de la Cristiandad superficial, nominal o falsa. La única forma de tener una relación con Cristo es a través de una fe personal e individual a Sus promesas. Nadie puede tener fe por otro o embarcarse en la fe de alguna otra persona.
     Dios no se impresiona por una religión superficial, mecánica o ceremonial que no cambia el corazón. Dios busca gente con un corazón comprometido con Cristo, y genuinamente deseoso de ser como Él (demostrando el fruto del Espíritu). ¿Sientes tú la convicción del Espíritu cuando pecas? ¿Tienes un deseo interno de cambiar? El fruto es el resultado de la fuente de vida de la vid que fluye hacia las ramas. Si somos injertados en la Vid de Cristo, Su fruto estará en nuestras vidas.

Salmos 1:3 “Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.”



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