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Abril 22. Dejen que la paz de Dios gobierne sus corazones.

Col. 3:15 Y la paz de Dios gobierne~~ en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos~~.

     Los humanos queremos ser omniscientes, y tener la capacidad de determinar el futuro; y los creyentes desean que Dios les muestre de antemano en forma precisa cuál es Su voluntad para ellos en decisiones específicas. Por ejemplo, queremos saber con quién debemos casarnos, si ir al ministerio, si aceptar un trabajo, si comprar esa casa o ese auto, etc. La búsqueda para saber cuál es la voluntad de Dios de forma específica, subjetiva o mística dentro de nuestro espíritu nos ha llevado a la regla de tener “paz en el corazón”: si tienes paz acerca de un tema, debe ser la voluntad de Dios. Un concepto erróneo de este versículo ha dado pie a un enfoque subjetivo del discernimiento de la voluntad de Dios, en lugar de permitir que los mandamientos, principios y ejemplos de las Escrituras sean nuestra guía.
La vida Cristiana es bendecida con abundante paz para cada creyente. El Espíritu que mora dentro del creyente produce el fruto perpetuo de la paz (Gál.5:22). Pablo oró que “el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera” (2 Tes.3:16). Esta paz es una característica compartida por todos los creyentes: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Ro.5:1).
Después de haber dado una serie de mandamientos e instrucciones a la iglesia de Tesalónica, Pablo dijo que por su obediencia “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Fil.4:7). La paz no es una señal que viene y va, como una luz verde o roja de un semáforo, sino que es una parte perpetua de la nueva vida en Cristo. La experiencia individual, sin embargo, debe convertirse en una experiencia corporativa.
El mandamiento de dejar que la paz de Cristo “esté continuamente en control” (brabeuo) fue utilizado para describir la función de un árbitro (brabeutes) que mantenía las condiciones aptas en un juego atlético. El árbitro no les decía qué hacer, sino que les advertía cuando habían violado las reglas del juego. La meta es jugar en paz, dentro de la libertad de las reglas. Note cómo Pablo dejó las directrices a la iglesia para esta regla de paz: “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros” (Fil 4:9). Tal como tenemos paz con Dios, así debemos mantener Su paz entre nosotros.
No solo el creyente individual experimenta paz perpetua con Dios, sino que esta paz interior debe ser también una experiencia corporativa. Pablo escribió que la iglesia debería ser solícita “en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Ef.4:3).
El mandamiento de que la paz esté en control o reine significa mantener un espíritu pacífico dentro del cuerpo de Cristo, en lugar de un espíritu conflictivo, argumentativo, o antagónico entre los hermanos. Esta es una prioridad. Cualquier cosa que apague o interrumpa la paz entre hermanos debe ser tratada de inmediato para restaurar la paz y la armonía dentro del cuerpo de creyentes.
La conclusión de este versículo confirma el sentido corporativo del mandamiento: “a la (paz) que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo”, esto significa, que la regla de la paz es para el cuerpo de creyentes, y “estar continuamente agradecido” del privilegio de ser parte de semejante iglesia. ¿Eres un pacificador entre los hermanos? ¿Es la armonía una prioridad para ti?

Para poner en práctica este mandamiento hoy, voy a …
Traducido por Diego Gómezjurado Avila



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