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Mayo 20. Tengan ánimo. No teman.

Mateo 14:27 “Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo~~; yo soy, no temáis! ”~|

Era un viaje normal a través del extremo norte del Mar de Galilea de los que habían hecho muchas veces en su oficio de pescadores. Por alguna razón Jesús se había quedado en la parte este del Mar y les ordenó que vayan delante de Él. Ellos estaban confundidos, tal vez desilusionados y decepcionados de que, sin ninguna explicación, Jesús se haya despedido de ellos. Era una noche oscura y tempestuosa, y estaban solos. La última vez que estuvieron en una tormenta, Jesús se había levantado y calmado la tormenta (Mt.8:26), pero ahora Él no estaba ahí, y temían por sus vidas. La “cuarta vigilia” (14:24) es de tres a seis en punto de la mañana. Ellos navegaron durante toda la noche.

Jesús había esperado toda la noche, dejando que la situación empeore para ver si las dudas y los miedos de ellos saldrían a la superficie, o si vuelven su corazón al Señor. Él sabía cuál iba a ser su respuesta, pero ellos necesitaban saber sus límites presentes y la cercanía y capacidad de Jesús. Esta situación peligrosa era una prueba. Más tarde ellos deberían enfrentar situaciones mucho más intimidantes que ésta. Jesús generalmente espera hasta que alcancemos nuestro extremo físico y emocional antes de enviar la solución. Tómalo como una prueba.

En la mitad de la historia, todos ellos vieron a Jesús caminando sobre el agua. Según el Evangelio de Marcos, Jesús “quería adelantárseles” (6:48), pero los discípulos, que ya estaban con miedo debido a la tormenta, fueron empujados por encima del borde cuando Jesús apareció. El miedo cambió a pánico.

Jesús estaba probando la fe de Sus discípulos, dándoles una situación precaria de riesgo y peligro para enseñarles a confiar en Él, aunque no lo vean.

“Tened ánimo, Yo soy”, les dijo Jesús. Sin importar la situación en la que nos encontremos, Él está con nosotros y espera que no seamos intimidados ni tengamos miedo. Pablo experimentó, “el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación” (2 Tim.4:17). Nunca atravesaremos circunstancias en donde Cristo no esté con nosotros. Luego añadió, “Dejen de tener miedo”. Él nunca nos abandonará.

Cuando yo era piloto, una vez tuve un motor que falló mientras volaba sobre la selva de Colombia y tuve que estrellarme contra las copas de árboles de 60 pies de altura. Recuerdo que oraba cuando el motor dejó de funcionar, “Señor, te entregué mi vida hace años. Es tuya. Puedes hacer con ella lo que Tú quieras. Si Tú quieres llevarme a Tu casa ahora, ¡está bien! Si quieres protegerme al estrellarme, te estaré agradecido por siempre”. La paz de Dios fue impresionante y descendí sin el motor desde 4.000 pies de altura, en una muerte casi segura. Cuando golpeé los árboles, me quedé enredado en un árbol grande, que se inclinó, dejando que el avión golpee la tierra casi verticalmente, pero yo no fui dañado. Me bajé del avión, caí de rodillas, y le agradecí a Dios por Su maravillosa protección providencial. Salí de la selva después de siete horas para comenzar una vida renovada con la seguridad del poder de Dios para proteger. El miedo nunca debe alejarnos de servir a nuestro Señor. Esto es lo que los discípulos debían aprender primero, y nosotros también. Nunca tengas miedo de hacer Su voluntad… en cualquier lugar.

Para poner en práctica este mandamiento hoy, voy a ….

 

 



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