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Octubre 18. Encomienden sus almas al Creador.

1 Pedro 4:19 “De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden~~ sus almas al fiel Creador, y hagan el bien”

     Una de las grandes preguntas filosóficas es ¿por qué los hijos de Dios sufren?. Si Él es un Dios que ama, que se preocupa, entonces: ¿por qué Él permite que cosas horribles e injustas les sucedan a sus hijos? Pedro nos da varias razones para ayudarnos a aceptar el sufrimiento injusto como parte del propósito de Dios para algunos creyentes.
Si un creyente vive en un ambiente hostil incapaz de evitar la persecución por seguir a Cristo, entonces él o ella debe entender el plan de Dios. Pedro inició esta discusión instruyendo a los creyentes a que “no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese” (4:12). Ahora él provee varias razones por las cuales esta actitud es útil.
Primero, sin importar el grado de su sufrimiento, es un privilegio ser “participantes de los padecimientos de Cristo”, (4:13a) esto es, uno experimenta un cierto sentido de camaradería con Cristo por haber tomado la persecución que hubiera sido nuestra de haber estado presentes.
Segundo, tal disposición por defender a Cristo en medio de amenazas y dolor, nunca será olvidada por el Salvador cuando El venga. Para estar seguro de que “os gocéis con gran alegría” (4:13b) de no haberse rendido.
Tercero, Su promesa “he aquí yo estoy con vosotros todos los días” (Mat 28:20), no significa que todo será feliz, sino que Él estará con nosotros a través de cada “oprobio” (oneidizo, “difamar, acusar con palabras abusivas”), así que somos “bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros]” (4:14), es decir que Él está con nosotros.
Cuarto, si la causa de nuestro sufrimiento es porque nos hemos identificado valientemente con Cristo, especialmente por nuestra disposición de hablar fuerte por Él, compartir Su evangelio y aplicar Su Palabra a las situaciones de la vida, entonces nuestra reacción frente a la hostilidad puede glorificarlo a Él (4:14b), lo cual es posible solo si el creyente “no se avergüenza” (4:16). Al parecer, mientras más injusto sea el sufrimiento, más es glorificado Cristo.
Quinto, “porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios” (4:17). El sufrimiento para Cristo purifica y prueba nuestra fe (1:6-7). La persecución es una prueba, un “juicio” (krima, “el resultado de juzgar”) para determinar el veredicto de los que son genuinos. Así como un creyente de China me respondió una vez cuando le pregunté si alguna vez él ora para que cese la persecución en China: “¡No, nunca! Por la persecución sabemos quién es un verdadero creyente y quién no lo es. Él acababa de salir de la prisión donde había sido torturado por Cristo. El autor de Hebreos escribió: “Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos” (Heb. 12:7).
Así que, el sufrimiento por Cristo debe esperarse y debe ser una parte vital de la vida Cristiana. De una manera u otra se nos llama a “que padezcamos según la voluntad de Dios”. Si Él nos confía con que demostremos Su gracia y poder interno que clama por Su presencia en medio de la hostilidad, entonces los creyentes deben “encomendar sus almas al fiel Creador mientras hacen el bien” (paratithemi, un término contable: “depositar o confiar”). Como Creador, lo que sea que Él designe, lo designa con un propósito. Nunca lo dudes. Sigue haciendo lo correcto.

Para poner en práctica este mandamiento hoy, voy a …  

Traducido por Isabel Sylva Avila.



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