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Febrero 13. Sométete a Dios.

Santiago 4:7ª, Someteos*~ pues, a Dios.”

     Los siguientes tres versículos contienen diez imperativos aoristos que demandan una acción inmediata y urgente. Las series comienzan con el mandamiento de “decidirse inmediatamente a someterse” a Dios. Ese es un término militar que significa “estar subordinado” o “rendir obediencia”. La palabra que se usa es hupotasso, literalmente significa, “someterse al control de alguien, ceder a la advertencia o consejo, entregarse voluntariamente, u obedecer”. Es un término militar griego que significa “organizar (las divisiones de las tropas) en un estilo militar bajo el comando de un líder”. Su uso no-militar significa “una actitud voluntaria de dar, cooperar, asumir responsabilidad, y llevar una carga” (STRONG).
Tal como la Armada enseña a un soldado que debe someterse a las órdenes sin importar el riesgo para su vida debido a su deber y amor al país, así el cristiano debe someterse a la dirección de Dios. La sumisión se mide por la obediencia a los mandamientos. Cuando un comandante dice en la guerra: “Tomen esa montaña”, no hay un debate, duda de si valdrá la pena, ni una consideración especial del riesgo que eso implica. Comienza inmediatamente la acción.
La sumisión es una característica clave de la comunidad Cristiana: Los hijos deben someterse a sus padres, las esposas a sus esposos, los esclavos a sus amos, todos a las autoridades de gobierno y a los roles de la sociedad; todos los creyentes deben estar sometidos a sus pastores/ancianos y a las reglas bíblicas dentro de sus congregaciones y mutuamente deben someterse unos a otros, especialmente en una pareja de casados. La rebeldía a la autoridad en tu esfera de vida es contraria al orden deseado por Dios.
La sumisión a Dios es la expresión de humildad, la cual tiene una gran promesa. “Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios.” (Santiago 4:6-7). La humildad es la manifestación evidente de un espíritu sumiso a Dios. Luego Santiago escribió, “Humillaos delante del Señor, y él os exaltará” (4:10).
La sumisión a Dios significa haber renunciado a la voluntad propia en esta vida y estar sujeto a Él, listo para escucharle a Él y obedecerle a Él. Él definitivamente nos mostrará Su voluntad en la Palabra revelada de Dios y así mismo las aplicaciones de Su deseo con una “voz apacible y delicada” (1 Reyes 19:12-13) en nuestro hombre interior. Podemos escoger ignorarla o dejar de aprender lo primero, y apagar lo último cuando nos conviene, lo cual será algo usual. Pero estas acciones significarán que, en la medida que concierne a Dios, hemos dejado de querer andar con Él. Nos convertimos en hijos rebeldes que pretendemos ser seguidores de Cristo.
Si vamos a someternos a Dios, entonces debemos aprender todo lo que Él espera de nosotros y rendir nuestra voluntad para pensar y practicar Sus directrices. ¿Podemos decirle a Dios, “¿Tus deseos son órdenes”?

Para poner en práctica este mandamiento hoy, voy a …



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