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Marzo 13. No vengarse.

1 Tes. 5:15a Mirad~~ que ninguno pague a otro mal por mal…”

     La retaliación o venganza son respuestas naturales a un trato injusto o desleal. Sucede especialmente cuando un régimen político opresivo es decididamente cruel hacia los Cristianos o cuando alguien es herido en sus relaciones personales. Las más grandes desilusiones podemos tener de parte de los hermanos creyentes dentro de la iglesia. Los Cristianos dañan a otros Cristianos con palabras malvadas (Prov. 15:2,4 “la boca de los necios hablará sandeces… la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu”), o con dolorosos chismes y calumnias (“El que anda en chismes descubre el secreto; pero el de espíritu fiel lo guarda todo.” Prov. 11:13).
La venganza y retaliación personal son estrictamente prohibidas a los seguidores de Cristo. Jesús dijo, “Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra…Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mt. 5:39, 44). La retaliación es tan contraria a nuestra nueva naturaleza que ni siquiera deberíamos planificar la forma de vengarnos.
Jesús y Pablo sugirieren una nueva y radical respuesta a las injusticias y ofensas:  En lugar de demandar los derechos o justicia personales, debemos confiar en que Dios nos dé gracia en toda circunstancia y tomar a nuestro favor cualquiera sea la injusticia.
Sin importar si es una ofensa política, personal o íntima, se establece una prohibición general de herir a cualquier persona en proporción al daño que pensamos nos ha sido hecho. Pedro escribió, “no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición” (1 Pe.3:9).
Pablo reiteró este principio en Romanos, “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.” (Ro.12:17-19).
Evidentemente Pablo tuvo éxito en su exhortación ya que escribió después en 2 Tesalonicenses, “nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, por vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis. Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis. Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan…” (1:4-6).
Si hay algún lugar en la tierra en donde a ningún ser humano le gustaría estar, es bajo la mano de Dios cuando Él toma Su venganza. Nahum escribió, “Jehová es Dios celoso y vengador; Jehová es vengador y lleno de indignación; se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos. Sin embargo, Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable”(1:2-3a).
El problema con el esfuerzo humano de vengarse es que no conoce la historia completa y en su ira la respuesta será probablemente exagerada. Por lo tanto, no puede ser justo. “La ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Sant.1:20). Nosotros nunca podemos determinar lo que es justo o parejo, por eso debemos dejar a Dios tomar esas decisiones. ¿Puedes confiar que él traerá justicia a cualquier injusticia cruel o dolorosa que experimentas?

Para poner en práctica este mandamiento hoy, voy a …



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